27 Sep NO QUEDO EMBARAZADA…Y AHORA QUÉ?

Nos casamos el año 2009, todo fluía tal como queríamos, una hermosa celebración, un departamento lindo, trabajo estable, por ahí algunas peleas con la familia por los típicos ajustes cuando contraes matrimonio y con el sueño de formar un proyecto juntos, una familia.

Decidimos disfrutar los dos primeros años de casados, formar una buena base de experiencia, conocimiento mutuo, hasta que de pronto llegó esa sensación de querer ser papás. Al principio lo tomamos con calma, seguíamos una vida normal. Yo dejé los anticonceptivos y comencé a verificar mis días de menstruación. Todo estaba en orden, cada 28 días vivía mi proceso, lo cual era muy bueno, porque según la información que poseía el día 14 aproximadamente sería el día de… Obviamente, dejamos que fluyera todo y no nos presionamos. Habían meses que en la fecha de ovulación teníamos encuentros amorosos y otros no.

Así pasaron 2 años más. Y nada. Entre tanto, mi marido cambió de trabajo, nos trasladamos de ciudad, yo dejé de trabajar. Yo sentía que el ambiente estaba listo y dispuesto para que llegara nuestro primer hij@. Todo andaba perfecto. Pero nada.

Intentábamos cada mes y fue una real angustia el día que llegaba la menstruación. Rabia, impotencia, pena. Aparecieron las peleas de pareja y también, las preguntas de cuál era la razón y el porqué no llegaba ese bebé. Fueron mil pensamientos que corrían por mi mente: “A lo mejor no estamos preparados”, “o quizás no está dentro de mi destino ser madre”, “o no es mi marido la persona correcta para formar una familia”, “o quizás no quiere ser papá y no me lo ha dicho”…tantos cuestionamientos que finalmente hicieron alejarnos. Ya no era divertido el encuentro íntimo, era una obligación, algo mecánico. Ya no disfrutábamos, mi mente era la dueña de la situación. Y pucha que traiciona la mente!

Hasta que un día caminaba por la calle y sentí la rabia intensa que salía por mis poros al ver a una niña de alrededor de 15 años embarazada, peleando a gritos con su pareja y pensé: “Qué cresta pasa! De verdad no entiendo…por qué una que está estable, tratando de construir una familia le cuesta tanto quedar embarazada y a niñas que, según yo, no entienden nada lo están!” Creo que ese momento fue el climax de mi rabia, que en realidad era una pena profunda. Creía que lo había hecho todo bien pero sentía que la vida me decía lo contrario. Lloré y lloré, ese llanto desgarrador que duele el corazón y boté todo lo que podía, grité, le pegué descontroladamente a las almohadas y me quedé dormida.

Días más tarde, comencé a tener sueños que me decían que siguiera las señales. No lo entendía, pero lo único que sabía era que en ese estado emocional nunca iba a quedar embarazada. Entonces, conversé con mi marido, le conté todo lo que sentía, pensaba y pedí ayuda. Toda la ayuda que sintiera que podía aportar algo en este proceso depresivo. Comencé con psicóloga, alternando con terapias alternativas como reiki, reconexión, meditación, yoga, flores de bach, constelaciones familiares hasta terapia de pareja. Sí, terapia de pareja y realmente fue la mejor decisión! Necesitábamos reconectarnos como matrimonio después de tantas peleas. Cada una de las sesiones ayudó, todo fue sincronizándose. Fui mejorando y lo único que me decía mi marido era que no perdiera la fe y que sí íbamos a ser papás. Él sabía que así sería.

Tocar fondo fue un verdadero renacimiento. Comencé a alinearme energéticamente, a soltar la situación, a tratar de disfrutar sin pensar. Fue muy difícil no pensar en el tema hasta que lo logré. Cuando solté esa obsesión de AHORA quiero ser madre!, todo mejoró e incluso, pensé que ser mamá no era necesario que yo viviera el embarazo, ser mamá es mucho más que eso y a lo mejor el camino que estaba dibujado para nuestro matrimonio era la adopción.

Cada día me iba convenciendo en la idea de adoptar, pero en el fondo de mi corazón seguía el profundo deseo de ser madre en forma natural. Expuse el tema de la adopción a mi marido y me pidió que siguiéramos intentando. Fue en ese momento que también mi mente se flexibilizó y aceptó buscar ayuda médica, porque a lo mejor algo en uno de nosotros podría estar mal y a lo mejor era tratable. Había que probar todo antes de comenzar un proceso de adopción.

Al poco tiempo, me encontraba dentro de una sala de exámenes de una clínica de Santiago, realizando la famosa histerosalpingografía para descartar la obstrucción de las trompas, mientras que mi marido se realizaba sus exámenes. En el procedimiento, que es bastante invasivo, reventé en llanto, algo en mi corazón me gritaba “qué estás haciendo, tú puedes ser mamá, es tu mente la que te traiciona”, y salí del examen llorando a los brazos de mi pareja, quien me seguía insistiendo “todo estará bien”. Ya en la consulta, con exámenes en mano, el doctor nos entrega el informe que somos personas totalmente sanas pero que si queríamos podríamos realizar una inseminación artificial. A la cual respondimos con un rotundo “NO”. Si todo estaba bien, entonces no debería haber problema. Pero ¿cuál era el impedimento entonces? Ahora si no entendía nada. Dejé que mi mente se calmara un tiempo, mientras comencé a realizar clases de yoga para embarazadas, ayudando a las mamás a vivir su proceso de gestación y de pasadita, a contagiarme de esa energía.

Consultamos otro doctor, quién nos sugirió comenzar por lo básico, ver si yo estaba ovulando y cuándo. Lógicamente una mujer ultra súper regular debería ovular el día 14, pero el primer seguimiento ovular mostraba que estaba adelantada 2 días. 48 horas! Poco dirás tú, pero el panorama cambiaba completamente para nosotros y la esperanza volvía. Mientras, y creo que después de que ambos pasáramos por tantos exámenes, consultas, algo sucedió. Yo rogaba al universo desde el fondo de mi corazón que todo saliera bien y sentía que mi marido también estaba haciendo lo mismo, lo sentía conectado con ese deseo de ser papá, nos sentíamos reconectados como pareja pero desde una postura muy diferente, desde la confianza, el amor y el relajo, sin presiones, sin pensamientos, entregados absolutamente al destino. En otras palabras, estábamos ambos con la Intención real y verdadera que un ser humano puede sentir cuando se conecta con sus deseos conscientes más profundos.

Y fue esa intención, la que dio tres semanas después un test positivo. Tratando de controlar la ansiedad, esperamos una semana más para realizar el examen de sangre que confirmaría todo. Era esa intención y reconexión desde el alma, la que permitió que fluyéramos como canal para que esa almita se materializara. Fui en búsqueda del exámen y el mismo día, una ecografía para verificar. Por fin! Estamos embarazados!

Hoy, después de 1 año 7 meses, disfrutamos a concho a nuestro hijo. Y nos dimos cuenta que cuando más amor fluye entre dos personas, que mientras más conciencia e intención ofrece al proceso de gestación, logras que un encuentro íntimo con tu pareja sea el canalizador de un alma de alta vibración. Con esta historia, algo resumida, quisiera decirle a todas esas parejas que están pasando un proceso difícil, que intentan y no pasa nada, que escuchen su corazón, que saquen esa pena que se va formando cuando no quedan embarazados, que busquen toda la ayuda que sientan necesaria, desde un simple reiki, terapia de pareja, de sexualidad, rezar…todo, porque si realmente sienten de corazón que quieren ser padres, ese pequeño ser los escuchará y esperará el momento para materializarse. Es la intención con amor la vibración que los llama, es la luz del amor la que los atrae, porque los niños que están bajando en estos tiempos son almas que vibran más que uno, con mayor conciencia, con más amor.

 

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