27 Nov ¿NIÑOS Y BEBÉS EN LA MESA?

Se han preguntado ¿por qué muchos de los momentos más importantes de nuestras vidas las vivimos “comiendo”? como por ejemplo: los domingos familiares, la cena de navidad, la comida del cumpleaños, aniversario o celebraciones en general. Esto es porque el compartir los alimentos lo asociamos con una actividad humana que tiene muchos significados emocionales, como es el: convivir, compartir, integrarse, dar y recibir afecto, comunicar y sentirte acompañado con la gente que amas.

Por eso es importante fomentar esta instancia en la familia. Nuestros pequeños no sólo aprenden a comer, también aprenden el hábito de la alimentación, el placer de disfrutarla con la familia, el compartir, respetar, saber esperar, integrarse, explorar sus sentidos, etc.

Además, como sabemos, la imitación es la mejor herramienta de que disponemos los padres para persuadir eficazmente a nuestros pequeños, a ellos les encanta repetir los comportamientos de las personas que forman parte de su entorno. Decirle a mi hija de 6 años que comer frutas y verduras es importante, pero que ella no me vea probarlas, no tiene ningún impacto en su conducta y futura alimentación.

He ahí una de las razones por las que se deben generar espacios para que la familia se reúna a almorzar o comer, pues la alimentación saludable y el vínculo interpersonal de los niños empieza en casa.

También, existen otros argumentos del porqué sentarse todos juntos en la mesa, en Revolución Mamá te los comentamos:

– La alimentación infantil se desarrolla en el contexto y ambiente adecuados, sin improvisaciones, lugar en donde todos los miembros de la familia participan y disfrutan.

– El niño que come solo, en ocasiones se aburre y lo hace con desgana, porque prefiere evadirse de la situación y del lugar.

– El niño debe entender que alimentarse consiste en disfrutar de una necesidad, no en una obligación o momento desagradable. El comedor o la cocina se convierten en el «aula de prácticas» idónea para la alimentación infantil.

– A partir del año, se favorece el interés por acceder a dietas no trituradas y a la masticación, y la imitación de padres y hermanos les despierta el deseo de comer solos y, en consecuencia, el interés por desarrollar la motricidad de las manos.

– Se les marca un ritmo a la hora de la comida: se les enseña a comer despacio y masticando bien, pero sin entretenerse o abandonar el plato.

– Se consigue abrir el apetito en los niños a los que les cuesta comer.

– Nos ayuda a detectar y prevenir posibles desórdenes en la alimentación infantil: anorexias, sobrealimentación, fobias o alergias, sean o no temporales.

– El momento de la comida nos sirve para enseñarles a tener pequeñas responsabilidades en el hogar, como poner la mesa o recogerla, barrer las migas del suelo, etc.

– Se consigue alimentar, no sólo el cuerpo, sino también la comunicación entre padres, hijos y hermanos. Es un excelente momento de encuentro familiar, de los que disponemos pocos a diario.

– Si es muy pequeño para sentarse en la mesa, ubícalo junto a ti en su coche, de manera que sea un hábito rutinario y natural cuando vaya creciendo.

Después de conocer todos los beneficios de comer juntos a los bebés y niños en la mesa, te invitamos a fomentar esta acción cada vez que puedas!

(Fotografía: Imujer)

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