08 Ago MI HIJO MUERDE, ¿QUÉ HACER?

Mi hijo muerde y descubrirlo, ya sea porque lo viste en acción o porque te mandaron una foto con el cachete de algún compañero con sus dientes marcados, es sin duda una de las cosas difíciles que nos toca enfrentar como padres de niños pequeños.

Principalmente porque a todos nos han mordido, sabemos lo doloroso que es, lo feo que se ve la marca, y lo violenta que parece ser la acción. Morder es sin duda una de las conductas menos deseadas en un preescolar.

¿Por qué muerden los niños?

Como todo lo relacionado con conducta humana, no existe una sola razón, por lo que es importante observar, intentar ver que ocurre antes y evaluar el caso a caso.  Esto es clave para evitar que la conducta siga produciéndose.

Algunas de las razones más comunes por las que muerden los niños pequeños son autodefensa (por sentirse amenazados), frustración (porque les quitaron un juguete o por incapacidad expresarse verbalmente con claridad), nerviosismo o ansiedad, como una forma de experimentar o demostrar cariño en forma poco adecuada.

¿Cómo actuar en el momento?

Lo primero es separar a los niños, agacharse a su altura y mirando a los ojos decir calmadamente pero con voz firme “eso NO se hace”. Inmediatamente después dirigir toda la atención al niño mordido, abrazarlo, preguntar como está, hacer cariño y consolar.

Cuando el niño esté más calmado, volver a quien mordió y en un tono más suave explicar que morder está mal, porque hace daño a otros. Preguntar si quedo claro e invitar al niño a reparar su acción pidiendo disculpas (en caso de que se niegue, no obligar, sólo invitar a pensar en lo que hizo y en cómo se sintió su compañero).

Una vez pasada la crisis y cuando estén todos más tranquilos es importante conversar sobre lo ocurrido. Sin rodeos ni palabras complicadas preguntarle qué fue lo que pasó, qué lo llevó a actuar así, como se sentía en ese momento y cómo cree que se sintió su amigo. Luego pensar en forma conjunta de qué otra manera podrían haber resuelto la situación en forma más adecuada.

Por ejemplo, si el niño nos dice que mordió porque le habían quitado su juguete y pese a que lo pidió varias veces de vuelta no se lo devolvieron, podemos decirle que la próxima vez, si no se lo devuelven luego de pedirlo, que acuda a un adulto en busca de ayuda.

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¿Cómo corregir la conducta?

Lo principal es no subestimar a los niños. Si bien lo más probable es que no hayan mordido por ser intrínseca e irreparablemente malas personas , si son capaces de entender que esa conducta no esta bien porque hace daño a otro y debe ser reparada. Con esta idea de base, es importante explicar en palabras simples y acordes a la edad que sus acciones tienen consecuencias que hay que asumir y reparar.

Otro aspecto importante es averiguar porqué muerden y una de las formas más fáciles de hacerlo, aunque no lo crean, es preguntándoles. Porque por muy limitado que sea su lenguaje como padres generalmente logramos entender sus gestos, sonidos e indicaciones. Darles la oportunidad de explicarnos a su modo no solo nos permite acceder a la información que necesitamos sino que genera un espacio de confianza y reduce sensación de frustración.

Así, es muy importante conversar sobre el tema y ofrecer contención al niño que mordió en lugar de solo gritar o castigar. Lo más probable es que ese niño sepa que lo que hizo no está bien y se le fue de las manos. Dar un espacio para que se sienta seguro hará más fácil la expresión de sus razones y sentimientos.

¿Cómo prevenir?

Si bien es imposible asegurar que conductas como morder, tan común en niños pequeños, no ocurran, si existen algunos “factores protectores” que pueden disminuir su frecuencia. Estos son:

  • Comunicación: este es una de las principales causas de frustración en niños pequeños pues muchas veces el desarrollo del lenguaje oral va más atrás que el pensamiento por lo que por más que se esfuercen en decir lo que les pasa no logran ser comprendidos. Ayudarlos a generar señas, sonidos o gestos que les faciliten la comunicación en este momento de transición hacia la independencia total ayuda bastante.
  • Alfabetización emocional: desde pequeños es importante ayudarlos a poner nombre a sus emociones y a las de los demás. Frases como “veo una gran sonrisa! Se nota que estás feliz!” o “me imagino que tienes mucha pena por la forma en que lloras” los ayuda a unir esa emoción que los embarga con una palabra (o seña) que les dará tranquilidad y les permitirá expresar lo que sienten.
  • Empatía: Por definición los niños pequeños son egocéntricos. Es así y a medida que van madurando se van dando cuenta de que hay un mundo más allá de ellos mismos. Sin embargo es muy importante desde pequeños hacer la invitación a descubrir qué le pasa a los demás, a identificar gestos faciales y corporales de otros, a hacer hipótesis sobre sus emociones en distintas situaciones. Esta habilidad es sin duda uno de los cimientos principales para el desarrollo de las habilidades sociales.
  • Evitar situaciones límites: si ya conocemos las razones que los llevan a morder, debemos estar atentos y evitar situaciones que puedan llevarlos a hacerlo. Distraer o anticiparse modelando una conducta más adecuada es siempre una buena alternativa
  • Otro aspecto fundamental es la paciencia y constancia. Y para esto el trabajo en equipo entre padres, familiares y profesores es imprescindible.

Espero que estos tips te hayan sido útiles. Cualquier comentario puedes escribir más debajo de la nota o a mi mail msalaya@uc.cl Y te invito también a seguir las cuentas de Instagram @de_datoskids @revolucionmama

Un abrazo,

Maite

 

Fotografía: Guía Infantil

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