30 Nov ¡INDIOS EN MI CABEZA!

No esperaba hablar de este tema aún, pero necesitaba hacer una catarsis al respecto. Y es que en un momento llegué a sentir unos indios saltando en mi cabeza, como dice una de mis amigas, aludiendo a la rabia.

Pero cuando las cosas ya se enfrían, empiezas a ver el panorama desde otra perspectiva. No puedo sólo culpar al resto, reconozco que no soy buena despertando, y mi irritabilidad está más sensible cuando tengo que levantarme. Pero la cosa es que, también convivo con un otro, el padre de mi hijo, mi esposo. Y por suerte que lo amo, y reconozco que se esfuerza mucho en este camino nuevo de ser padres. Porque antes éramos sólo dos, y todo podía llegar a ser perfecto en el mundo del “tú y yo”. Pero ahora, somos tres, y todo es diferente. A pesar de que nuestro hijo ha llegado a darnos la mayor alegría que hemos vivido, eso no exenta el sacrificio que implica.

Y es en la cotidianeidad donde queda la escoba. Espero no me odien por esto los papás, pero debemos reconocer que por más que se esfuercen e intenten hacer de mamá a ratos, la empresa les queda grande. Y no es por falta de capacidades, porque muchos de ellos son hombres destacados en sus trabajos (el mío siempre llega con reconocimientos por su buena gestión), pero en la casa, con un bebé recién nacido pueden llegar a parecer torpes robots tratando de enhebrar una aguja. Y aún los que llevan más tiempo en esto, a pesar de desenvolverse bastante bien, siempre esperan que los dirijamos en la crianza.

Me pregunto, ¿Por qué pasa esto?, lo que para mí es sentido común, a ellos hay que explicárselos una y otra vez, y aún así parece ser algo nuevo siempre. Y para no caer en el error de ser imprescindible, yo siempre delego tareas, siempre le digo, que si algún día yo no estoy por el motivo que sea, necesito que él sepa hacer todo también.

Pero no hay caso, pareciera que no va con ellos, y a pesar de que hay en el mundo muchos hombres que son papá y mamá, para nosotras es algo natural. Pudimos no tener idea antes de ser madres, ya sea porque nunca tuvimos contacto con un bebé (el hijo de tu amiga, tu hermano menor no cuentan) o haber ayudado en la crianza de uno, sin embargo, cuando es tuyo, es distinto. Pareciera que desde el momento en que te lo entregan hay un saber escondido, un algo que te ayuda en un montón de cosas, desde calcular la temperatura de una mamadera hasta calmar a tu esposo cuando el bebé se cayó, porque su primera reacción fue la de salir corriendo a urgencias. Algunos lo llaman instinto, pero para mí es algo más que eso, porque a pesar de toda la ayuda que pueda prestarte el padre de tu hijo, no se hace cargo de la misma manera. Les falta eso de ver mas allá, de planificar pensando en las posibilidades, de gestionar, de hacer dos, tres, cuatro o cinco cosas a la vez, de integrar el conocimiento en sus cabezas, cuerpos, almas, etc. Apropiarse de la situación porque la experiencia les ha dado el aprendizaje, pero no, parece que el hecho de tenernos cercas y disponibles (a pesar de que estemos ocupadas) les da una especie de desentendimiento, un tú eres la mamá, o una simple falta de confianza en creer que lo pueden hacer tan bien como nosotras.

Hace poco escuché a un papá nuevo decirle a la mamá del bebé de unos dos meses: ¡Pero si te lo cuidé el otro día!. Y yo, a pesar de la poca confianza que había entre nosotros y debido a mi gran bocota, no pude evitar decirle, ¡Que patudo, te lo cuidé el otro día!, ¡Si la responsabilidad es compartida!. Y ella, recién ahí reaccionó, y se atrevió a compartir mi opinión.

Creo que cualquier padre que lea esto, a primeras puede malinterpretarme, creer que estoy diciendo que no lo hacen bien como padres. Pero no es eso, lo que intento decir es que no vivenciamos la maternidad-paternidad de la misma forma. Mi intención no es ofender el ego de ningún papá, mucho menos de aquellos que aparte de toda la carga laboral que tienen, nos colaboran, esos padres de hoy en día que se involucran en la crianza, ya que hay muchos que ni siquiera han dado la cara. Sólo quiero hacer hincapié que hay algo en nosotras, tal vez parte de nuestra herencia genética y social que nos hace realmente maravillosas a la hora de ser madres, por supuesto que existen de todo tipo, pero en general, nos la podemos y somos capaces de llegar a ser felices a pesar de lo difícil que pueda ser el camino.

Mi mirada frente a la maternidad, les puede parecer un poco dura, pero creo que es necesaria, porque yo al menos no supe lo que es ser mamá en la realidad, hasta que lo fui, y estuve cegada creyendo en la idealización de la maternidad que nos vende el mundo entero.

Catherine PL.

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